Gran tormenta eléctrica la que acaba de pasar, camino ya de tierras alicantinas. Apresurando el fin de la cena, me dispongo a intentar pillar alguno de esos rayos que aparecen y desap
arecen en décimas de segundo. Nunca antes lo había intentado, (quizá falta de ocasiones y/o experiencia) y sacando mi humilde Nikon me dispongo, a disparar y congelar. Para ello, primero me salgo al patio de mi casa, hasta que me desengaño porque no consigo ver nada, y finalmente me subo a la terraza, seguro que hay mejores vistas, a pesar de que un enorme edificio nuevo me impida ver Santa Ana, y con ello media parte del cielo. El nervio y el entusiasmo me hacen negarme en rotundo a bajar de nuevo a por el trípode, por lo que finalmente me "apestillo" en la reja de la ventana y comienzo a disparar. No es fácil. Al cabo de un momento me pican las piernas y el dedo índice creo que se me está entumeciendo. Y para más "inri", después de varios intentos fallidos, creo que están esperando a que parpadee para vacilarme y aparecer sin previo aviso. No respiro en el intervalo de tiempo en el que el obturador se abre.... hasta que sin más remedio tengo que hacerlo cuando escuchas el segundo "clack", y es ahí cuando te aparece. Décimas de segundo. Y llega el mosqueo. ¡¡Se ha vuelto a escapar!! Me la perdono porque, ha sido la primera vez que me pilla en una de éstas. A la próxima ya no tendré la "L" en la frente. Lástima que no sé cuando volverá una tormenta de éste calibre. Ahora, por el momento me quedo pensando en las Pléyades. Dejo algo de lo que he pillao, bastante flojillo, pero "algo es algo".
¿Cómo osa preguntarme por una solución?
Hace 10 años





